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Juan había quedado con su novia Vanesa, una morena de pelo largo, de
mediana estatura y grandes pechos. Era delgadita y se le veía realmente
estupenda vestida con aquel top ajustado y la minifalda. Cuando ella
llegó, Alberto y yo hicimos ademán de irnos, pero Juan insistió en que
nos quedáramos. Pasamos la noche los cuatro juntos. Bailamos bebimos y
hablamos durante mucho rato. Cuando cerraron los bares nos dirigimos
hacia nuestras casas. Alberto y yo íbamos por delante mientras que Juan
y Vanesa hablaban un poco más retrasados. Ya nos íbamos a despedir
cuando Juan nos paró y nos dijo que él y Vanesa habían estado hablando y
que querían tener sexo esa noche con nosotros. Nosotros nos quedamos
parados, les dijimos que habían bebido mucho, que estaban locos, pero
Juan insistió diciendo que era una fantasía que tenía su novia y que él
prefería que fuéramos nosotros los que se la tiraran pues al fin y al
cabo éramos sus amigos y había confianza. Hubo un silencio, pero al
final accedimos. Nos dirigimos los cuatro a casa de Juan y cuando
llegamos Vanesa se abalanzó sobre nosotros y comenzó a besuquearnos y a
sobarnos la entrepierna. Nos arrancó las camisetas y luego suavemente
fue bajándonos las cremalleras y dejando al descubierto nuestros
miembros. Se excitó mucho al ver nuestras tangas y felicitó a Juan por
habernos convencido. En un momento retiró la telilla hacia un lado y
comenzó a pasar su lengua sobre nuestros penes que ya habían adquirido
un tamaño considerable. Los ensalivó a conciencia y luego recostándose
sobre el suelo se sacó su minifalda y su tanga y nos ordenó que le
comiéramos su intimidad. Los tres nos turnamos para saborear su depilada
rajita. Yo era la primera vez que estaba con una chica y me estaba
volviendo loco. Me acordaba de los cientos de pajas que me había hecho
viendo películas porno, de los chochos de las actrices... y mi polla
estaba que iba a reventar. Cuando ya Vanesa había tenido su ración, se
levantó y se dirigió a nosotros. Para ese entonces ya había tomado
plenamente el control y nosotros hacíamos lo que nos mandaba sin
rechistar. Entonces se arrodilló frente a Juan y engulló su tranca hasta
que los huevos tocaron su barbilla. Nos indicó que nos pusiéramos al
lado suyo y en un momento nos ofreció la polla que tan golosamente
estaba trabajando. Alberto y yo nos levantamos y dijimos que por ahí no
íbamos a pasar. Después de mucha discusión y debido al calentón y a las
copas que llevábamos de más, Vanesa logró convencernos. Nos volvimos a
arrodillar los tres delante de Juan y empezamos. Vanesa dio los primeros
lametazos y luego nos la pasó. Yo la cogí con mi mano. Tenía delante de
mí 18 cm de carne ensalivada y palpitante. Dudé un poco, pero casi sin
darme cuenta me la metí y comencé a pajear la tranca de Juan. Mi pene no
había disminuido ni un ápice su excitación y aquello que estaba haciendo
me pareció que incluso la aumentaba. Durante unos minuto los tres
saboreamos ya sin ningún tipo de reparo nuestro juguete. Juan nos
restregaba su glande por nuestras lenguas y gemía sin parar. Entonces
notamos cómo las piernas de Juan temblaban y cómo su polla se tensaba
hasta que sin avisar soltó su descarga de leche sobre nosotros. Alberto
y yo intentamos apartarnos pero varios pegotes de esperma cayeron
inevitablemente sobre nuestras caras y torso. Durante un instante nos
quedamos parados pensando lo que habíamos hecho, al final nos miramos y
comenzamos reír. Mamarle la verga a Juan nos había gustado y recibir su
espesa leche en nuestras caras también. La idea de nuestra
homosexualidad paseó un instante por nuestras cabezas pero se esfumó
cuando volvimos a mirar de nuevo a Vanesa relamiendo el falo de Juan con
su carita cubierta de semen y nuestros miembro volvieron a saltar. Juan
nos ofreció a su novia para que la folláramos en agradecimiento por la
mamada que le habíamos dado y ella no puso ninguna pega. Nos acercamos a
ella y yo le subí el top sobre el que aun había restos de la corrida
anterior y comencé a besarle las tetas. Alberto sin pensarlo dos veces
abrió las piernas de Vanesa y después de lubricar su miembro con los
jugos que salían de su cueva se la metió hasta dentro comenzando así un
mete-saca furioso. Vanesa se agitaba bajo las embestidas que recibía y a
su vez me regalaba una mamada antológica. Así estuvimos largo rato hasta
que Alberto y yo nos cambiamos de posición. Ahora Vanesa estaba de
rodillas comiendo el rabo de Alberto que estaba sentado en el sofá y me
ofrecía su trasero desafiante. Me arrodillé e introduje mi verga en su
coño que no paraba de lubricar. Estuvimos follando largo rato y cuando
noté que me iba a correr, saqué mi pene de Vanesa y derramé toda mi
leche sobre su espalda. Nunca había echado una corrida tan descomunal.
Ríos de semen recorrían la espalda de Vanesa e incluso había algunos
pegotes en su pelo. Alberto no tardó mucho más e incorporándose vació
sus huevos sobre la dulce cara de Vanesa que aún conservaba los restos
de su novio. Aquí fue donde descubrí lo sexy que puede llegar a ser una
chica (o un chico) cubierta de semen. Vanesa se levantó, se bajó su top
y se dirigió a la cocina. Pensábamos que iba a limpiarse los restos de
nuestras corridas y nos sentamos a descansar. La sorpresa fue cuando la
vimos aparecer con unas copas y tal y como la habíamos visto irse. Su
top mostraba unas grandes manchas y su cara era recorrida aún por
caminos de semen ya líquido que llegaban hasta el escote. Juan nos
comentó que su novia era adicta al semen. Que le gustaba estar
impregnada en él durante horas sintiendo el intenso olor que desprende
en contacto con su sudoroso cuerpo. Vanesa nos contó que habían pasado
fines de semana enteros follando sin salir de casa y sin ducharse y que
incluso guardaba la ropa interior que había usado en ocasiones muy
especiales. Nos enseñó un cajón lleno de braguitas, tangas, camisetas...
que reflejaban en sus amarillentas manchas, noches de mucha marcha.
La noche tocaba a su fin y Alberto y yo nos fuimos no sin que antes
la pareja de novios nos obsequiara con sendas sesiones orales que nos
descubrieron que una mamada es una mamada aunque te la haga un chico y
que terminaron con dos nuevas erupciones que fueron a parar al pegajoso
top de Vanesa que para entonces ya mostraba zonas transparentes y que le
daba un aspecto increíble. |
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