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Cada día recibo una cantidad respetable de
emails. Lo normal es que conteste agradeciendo que lean mis relatos, pero a
veces alguno de ellos llama de alguna forma mi atención y le dedico algo más del
poco tiempo de que dispongo.
Eso me pasó con Xavi. En su mail me explicaba que era invidente, pero chateaba y
escribía correctamente y yo, que soy tremendamente curiosa, quise saber más de
él. Le añadí en el Messenger y por la noche me conecté un rato para ver si
coincidíamos, y sí, efectivamente allí estaba. Le saludé y al principio hablamos
normalmente haciéndonos las clásicas preguntas que se suelen hacer ¿Cómo eres?
¿Cuales son tus aficiones? ¿Qué música te gusta? Poco a poco fue cogiendo
confianza y empezó a abrirse, me habló de sus apetencias sexuales ¡tampoco era
que fuesen tan raras! Pero en su caso, con el problema de su ceguera, algo
difícil de satisfacer.
Xavi es un sumiso, le gusta ser dominado, y además le gusta el sexo duro.
Conmigo tenía pocas posibilidades, yo soy dulce, melosa, me gusta tratar a mi
pareja como si fuese un rey, y espero que me traten como a una princesa, pero
conocía a la persona indicada para que él cumpliese su fantasía.
Mi amiga Sofía es guardia de seguridad, mide 1,75 y debe pesar alrededor de los
ochenta kilos, todos ellos de puro músculo, le vuelven loca las artes marciales
y es cinturón negro de Karate y Taekwondo.
No le pregunté a Xavi si tenía algún problema de tipo racial, pero como él era
invidente no necesitaba saber que Sofía era negra, guapa, muy guapa, pero negra.
Hablé con ella, le expuse un plan y estuvo totalmente de acuerdo. Xavi era un
chico guapo y ella no tendría ningún problema en hacerlo disfrutar durante un
día.
Al principio la idea era que fuese ella sola a visitarlo, pero en el fondo yo no
me fiaba mucho. Sofía tenía fama de ser un poco bruta durante sus juegos y yo le
había tomado afecto a Xavi y no deseaba que le hiciese más daño que el que él
pudiese gozar.
Un domingo por la mañana salimos de Tarragona. Para llegar a la población donde
vive Xavi teníamos que recorrer unos doscientos kilómetros y queríamos llegar
temprano para aprovechar el día.
A las nueve de la mañana estábamos justo delante de la dirección que nos había
dado, tocamos el timbre y no contestó nadie. No me extrañó, él me había
comentado que iba a dormir a casa de su familia para no estar solo.
Entramos en una cafetería desde donde podíamos vigilar el portal, y mientras
tomábamos un café con leche vimos llegar un coche. De él bajó un hombre moreno,
llevaba un bastón pero se movía con bastante agilidad y decisión, se acercó a la
puerta, sin ningún titubeo introdujo la llave en la cerradura y entró en el
portal. Acabamos nuestro desayuno y decidimos que ya era hora de que nos
conociéramos.
Xavi debía estar impaciente, porque nada más llamar al timbre nos contestó como
si hubiese estado esperando al lado de la puerta, y cuando subimos ya nos
esperaba con la puerta abierta. Entré la primera, y dándole dos besos le dije:
-- ¡Hola Xavi, soy Shere!---
-- ¡Que alegría tenerte aquí!, pensaba que este momento no llegaría nunca, a
ver, déjame verte---dijo extendiendo las manos---
Yo ya conocía la forma de “mirar” que tenían los invidentes, pues el padre de
una vecina es ciego, y cada vez que subo con él en el ascensor me da un repaso,
creo que podría distinguir a todas las mujeres del edificio, solamente tocándole
los pechos. Pero volvamos a Xavi…
A Xavi le gustan las mujeres grandotas, y aunque yo soy un “retaco” que sólo
mide 1,56 se entretuvo un poco más de la cuenta “mirando”, y yo me di cuenta que
no le disgustaba lo que “veía”... ¡menudo repaso me dio el chico!...yo le dejé
hacer, pasó las manos suavemente por mi cara… como si me acariciase, se
entretuvo dibujando los labios con los dedos, bajó despacio por la barbilla, los
hombros, los pechos, la cintura, las caderas, me dio una nalgada en el culo y me
dijo… “Shere… ¡Así te imaginaba!”.
--Bueno Xavi, dijo Sofía--- ¿Donde esta la habitación?---
Ella iba directo al grano, por su cara me daba cuenta que el chico le había
gustado, y esperaba disfrutar pronto de él.
--Déjame verte… dijo Xavi---
--No, solo te dejaré tocarme si consigues hacerme gozar---
Sofía había comenzado su rol de dominadora. Pensé que a él no le gustaría eso de
que no la dejase tocarla… pero como siempre, me engañaba. Xavi estaba que se
salía, le encantaba ser dominado.
La cama era antigua, metálica, con unos barrotes dorados preciosos, y Xavi nos
comentó que había pertenecido a un antepasado suyo. Yo sonreía al pensar que en
esa cama seguramente se habrían desarrollado muchas fantasías eróticas, pero
desde luego esta sería una de las más morbosas que se realizara sobre sus
sábanas.
Me acerqué a un sillón y tomé asiento cerca de una ventana, pues aunque le idea
era no intervenir no quería perderme nada del espectáculo. Sofía empujó a Xavi
hasta la cama (-tampoco es que le tuviera que empujar mucho, el chico estaba más
que dispuesto a cooperar-), rápidamente le quitó la ropa, y desde mi asiento
pude comprobar que Xavi no estaba nada mal. Estaba excitadísimo, con su pene
tieso como un palo. Sofía le tumbó en la cama y ató sus manos y piernas a los
barrotes. Xavi estaba encantado, no callaba, solo hacía que decir lo mucho que
le gustaba, y desde luego se veía en su cara. Era todo un espectáculo, mordía
sus labios, y su lengua no paraba quieta, gemía continuamente… Sofía lentamente
se quitó la ropa, y teniendo en cuenta que Xavi era ciego yo comprendí que el
espectáculo era solamente para mí. Alguna vez ya la había visto desnuda, en la
playa, otras en los probadores de alguna tienda de ropa, y siempre me
maravillaba al ver ese cuerpo negro, turgente, brillante…No era delgada, pero su
cuerpo rayaba la perfección. Yo no soy lesbiana, pero más de una vez había
pensado que sería maravilloso sentir esos grandísimos pezones en la boca.
Sofía subió a la cama y se colocó sobre la cara de Xavi, con el sexo sobre su
boca…
--Lámeme, perro—le dijo mientras con una pequeña fusta golpeaba suavemente sus
nalgas---
Xavi se estremeció, y su lengua se afanaba sorbiendo los jugos que brotaban del
sexo de Sofía. Desde el sillón yo no perdía detalle. Xavi no podía ver la cara
de Sofía, pero yo sí, y la simple visión de esos dos cuerpos me imantaba… El
cuerpo sudoroso de ella, brillante como el ébano pulido, y el palo tieso de él,
que pedía caña desesperadamente, me estaban excitando más de lo que yo había
imaginado, y mis manos comenzaron a juguetear con mi sexo que descubrí
totalmente humedecido y preparado.
Sofía apartó su coño de la boca de Xavi y empezó a lamer sus labios, humedecidos
de sus propios jugos. Luego bajó hasta sus tetillas y las mordió fuertemente.
Xavi dio un grito, yo pensé que Sofía se había pasado, pero vi que él arqueaba
la espalda desde los glúteos, y su polla, si cabe, estaba aún más empalmada. No…
seguro que a él no le molestaba aquel mordisco, y ella continuó mordiendo todo
su cuerpo mientras él se retorcía de placer.
Cuando yo, excitadísima, pensaba que ya se iba a comer su apetitosa polla, Sofía
se levantó, y colocándose sobre él se dejó caer de golpe introduciéndose el
grandísimo aparato hasta el fondo, y así, empalada, lo cabalgó durante un buen
rato como una verdadera amazona.
Xavi gritaba como un loco, yo nunca había oído unos gemidos, ni unos gritos tan
aparatosos en un hombre. Se lo estaba pasando de muerte, pero al estar atado no
podía cooperar, ni controlar su orgasmo, estaba demasiado excitado para parar
sus fluidos, y noté en su cara que se corría dentro de ella.
-- ¿Qué has hecho? -dijo Sofía-, ¿quién te dio permiso?---
Xavi se había quedado sin habla, y yo no estaba segura que esto formara parte
del juego, pero ella cogió la fusta y golpeó sus nalgas.
-- ¡Perro, vas a limpiar todo lo que ensuciaste!---
--Si, ya lo limpio, pero no te enfades---dijo Xavi
Sofía volvió a colocarse sobre su boca, su sexo escurría semen, y Xavi se
afanaba pasando la lengua para dejarlo totalmente limpio. Me fijé en su pene,
que se había encogido hasta límites insospechados. Me gustaba más cuando estaba
tieso, y al verlo tan pequeño y desvalido me apeteció acunarlo dentro de mi
boca. No lo pensé dos veces, me acerqué a ellos y tomé entre los labios el
contraído pene. La reacción fue inmediata y lo sentí crecer dentro de mi boca.
Sofía estaba de cara a mí, y al levantar la vista vi su cara lujuriosa de deseo
y sus tiesos pezones que tanto me apetecían. Mi sexo ya estaba pidiendo a gritos
una polla, y dado que en mi boca tenía una más que dispuesta me quité la ropa,
subí sobre Xavi, y me empalé en su polla dura y caliente. La sentí como
taladraba mis entrañas, y gocé como hacía tiempo que no lo hacía.
Mis pezones estaban a reventar, y Sofía se acercó a mí cogiendo el derecho entre
los labios. Yo no las tenía todas conmigo, recordaba como había mordido a Xavi,
y a mí no me gusta que me hagan daño. Pero no, a mi no me mordía, los lamía y
succionaba cada pezón alternativamente. Era tanto el gusto que me daba que
parecía que me iba a extraer la vida, y me encantó el escalofrío que recorría mi
columna al mismo tiempo que el vientre se estremecía con mi primer orgasmo.
Mientras, Xavi había acabado de sorber los jugos de Sofía, y disfrutaba de su
segunda corrida dentro de mi sexo.
Nos quedamos agotados tumbados en la cama, Xavi entre las dos, y a mi me dio
pena y lo desaté. El hombre parecía estar aún con ganas, porque sus manos no se
estaban quietas. Con el cuento de “mirarnos” nos repasaba a cada momento, pero
nosotras no se lo teníamos en cuenta. La verdad es que sus suaves manos me
encantaban, me gustaba como acariciaba mis pechos, y también me excitaba
observar como oprimía los grandísimos pezones de mi amiga. Se me antojaba
mordérselos, y cuando ya no pude retenerme más me acerqué a ella por encima de
Xavi y le cogí el pezón izquierdo entre los dientes. Era exageradamente grande,
parecía la tetina de un biberón, suave, calido, apetitoso, y comencé a sorberlo
mientras Xavi metía sus dedos en mi sexo. Volvimos a recomenzar la juerga, que
duró todo el día y toda la noche, pero eso lo explicaré otro día….
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