| Mini
Relatos:¿
Recuerdas Juan cuando te conocí? No llevaban
muchos meses de haber llegado acá, a esta provincia veracruzana. Todo fue
guiado por la casualidad, pues llegué a una parroquia por primera vez.
Talvez justo buscando lo contrario de lo que encontré porque estaba en una
etapa de indefinición sexual.
Eras un chico rebelde -sin causa- decían. De 21 años, igual que yo. Tenías
un aire de autosuficiencia. De indiferencia. Nos empezamos a tratar y más
tarde el uno al otro nos necesitábamos. Te buscaba y me buscabas. La
atracción sexual no era tan visible, pero allí estaba. Me atrajo tu estilo
de ser. Desparpajado. Relajado. Tú el chico de pelo corto, que después te
dejaste crecer. Yo el amigo que visitaba la parroquia porque sentía
“amistad” por el chofer del sacerdote. Definitivamente hacías lo que
querías, a pesar que en la parroquia donde trabajabas te miraban mal, pero
que a mi no me importaba (por supuesto).
¿Recuerdas como fueron dándose las cosas?
Cuando en mi departamento, después de unas copas te pedí quitarte la ropa y
te negaste diciendo que sería en otra ocasión. ¿Que no quisiste quedarte
allí y te fuiste pasada la medianoche? Para ese entonces me traías loco.
Estabas logrando lo que te habías propuesto como me lo confesaste después.
¿Recuerdas que te pedí disculpas por lo que pasó y me dijiste que no había
ningún problema? ¿Que a ti también te gustaba la idea de estar juntos, pero
que no era el momento?
Después de eso. Salimos a nadar al río con el pretexto de lavar el coche del
cual eras chofer. ¡Qué hermoso cuerpo el que me mostraste! Músculos en
brazos y piernas, producto del fútbol y del ejercicio diario. Llevabas
puesta una lycra que te ajustaba y resaltaba tu hermoso “bulto”. Eso me
tenía súper excitado. Me tenías a mil. Pero tú como si nada, disfrutabas del
agua y el sol mientras yo me derretía. ¿Recuerdas que te propuse que me
enseñaras “eso”, porque tú hablabas que tenías ganas de “coger”? Tú
aceptaste diciendo que sería más tarde, porque había gente cerca. Y tenías
razón pues eran como las 16 horas.
Fue más tarde. En el camino de regreso, desviándonos por una vereda. Eran
como a las 21 horas. Bajo la luz de la luna, a la orilla de aquel arroyo,
detuviste el coche. No imaginaba totalmente lo que ocurriría. Quería que se
diera eso. Sí lo deseaba, pero no sabía lo que tú me tenías preparado. ¡Eso
que tanto me regateabas! Después de soltar totalmente el respaldo del
asiento, te bajaste los bermudas y el bikini oscuro que traías puesto. No
supe ni como habíamos llegado hasta allí. No supe qué hacer. Me dejaste
mudo. Solo ardía de excitación.
Jalaste mi cabeza y la dirigiste a tu pene suavemente. ¡Chúpamela!
–Ordenaste- ¡Oh! Ese mástil hermoso estaba dignamente erecto. Pequeñas gotas
de semen escurrían en tu glande. Eso me dijo que estabas caliente igual que
yo. ¡No podía creer que esas dimensiones siempre hubieran estado allí, entre
tus piernas! Tan grueso que no cabía en mi mano.
Confuso, caliente, hirviendo de excitación, subí a tus pezones erectos. Los
lamí, mordí y besé como loco. Tú gemías. Lentamente bajé por tu abdomen
musculoso. Llegué a los pelos enmarañados alrededor de tu aparato. El olor a
macho era lo que envolvía todo el coche. Cuando por fin llegué a tu pene no
sabía si me cabría en la boca. Tú me presionabas suavemente con tu mano
derecha. Exigías ya una mamada a tu gruesa verga. Tus gemidos. ¡Ah, tus
gemidos, Juan, me volvían loco! Metí tu verga a mi boca lentamente. Me
tragué tu líquido preeyaculatorio. Traté de abarcar lo más que pude. Pero no
llegué ni a la mitad. Con mi mano derecha movía mi mano en la base de tu
pene y masajeaba tus grandes bolas mientras con mis labios te hacía sexo
oral que te tenía en las nubes porque gemir y empujar tratando de meterme
más verga era lo que hacías. Te mordías tus labios. Te los chupabas con la
lengua. Disfrutabas acariciando mi cabellera, manipulando la felación que te
estaba dando.
|